Historia de Ginebra (Genève)



Pueblo que pertenecía a la región de la Galia conquistada por Julio César en el 58 a.C.

En el siglo V la conquistaron los burgundios, y en el siglo IX, los francos, para acabar perteneciendo al reino de Borgoña y el Sacro Imperio.

Los obispos gobernadores se aferraron al poder para defenderlo antes los condes de Saboya y la burguesía.

Tuvo que llegar a Ginebra Jean Calvino, con su Reforma teocrática y convertir a Ginebra en la capital del protestantismo (1536). Fue entonces cuando la ciudad comenzó a acoger gente de fuera, principalmente exiliados religiosos llegados de toda Europa (Hugonotes).

La victoria sobre un nuevo intento de conquista saboyana en la noche del 11 al 12 de diciembre de 1602, sirvió de empuje y despegue para los reformistas que desde entonces dominarían a su antojo la ciudad. Este episodio se conoce como L’Escalade, porque fueron las tropas católicas-romanas del duque de Saboya, que intentaron reconquistar Ginebra escalando sus murallas por la noche.


Jean Calvino (1509-1564)
Encontró en Ginebra la ciudad ideal desde la que divulgar sus creencias religiosas con mucha fuerza.

El reformista francés era inflexible ante asuntos como la predestinación y la existencia única de dos sacramentos (bautismo y comunión). Quienes disentían generalmente morían en la hoguera.

El español Miguel Servet (1511-1553), teólogo y médico polémico por sus teorías sobre la circulación de la sangre, sus críticas a la medicina tradicional y sus enfrentamientos teológicos, fue detenido en su camino a Italia, acusado de hereje por Calvino y quemado vivo en una hoguera en Champel, próxima a Ginebra.

Como él, engrosan el número de víctimas del Calvinismo docenas de muertos y miles de detenidos; algunos sólo por blasfemar, emborracharse o vestir ropajes coloridos.

La teología elaborada por Calvino no estaba pensada únicamente para los ginebrinos, sino que deseaba a extenderla a toda la humanidad.

Ginebra era solo una primera piedra. Tanto Calvino como sus discípulos pusieron en marcha un activo y militante proselitismo.

En Francia y los Países Bajos, la propagación del calvinismo fue rápida y triunfante a pesar de las persecuciones.

En Europa central y oriental, el calvinismo se estableció, en cambio, gracias a la conversión de alguno de sus soberanos, como fue el caso del elector palatino Federico III en 1559.


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